INTERFERENCIAS

“Cruzar, interponer algo en el camino de otra cosa, o en una acción”. Su definición es verdaderamente esclarecedora.

La cuestión es que no sé cómo responderían los parroquianos que estuvieran viendo una final de fútbol y, súbitamente, aparecieran las imágenes del parto de una ballena jorobada en Full HD. Soy capaz de imaginar el alarido furibundo que esas gargantas plenas de panchitos y cerveza emitirían en Do bemol.

Abundaré en el tema. Imaginaos una retransmisión en la que se estuviera contemplando el paso de una virgen en la madrugá, se pararan ante un balcón donde una señora estuviera preparada para cantar una saeta y saliera con esa canción de iglesias que dice “Yo quiero estar contigo. Vivir contigo. Bailar contigo. Tener contigo una noche loca. Ay besar tu boca”.

Último ejemplo: El sacerdote eleva la ostia para la consagración y dijera: “A cero. El marcador quedó a cero en la vigésimo primera jornada de liga en el encuentro entre el primero y el segundo clasificados”.

Una vez dado los ejemplos, paso a la explicación. En una misa de comuniones, donde princesas y diversos mandos de la marina van a tomar por primera vez el cuerpo y la sangre de Cristo, el ruido incesante, el murmullo insultante de quienes van al templo a hablar sobre cualquier estupidez, faltones y emperifollados, hace que el sacerdote amenace con tomar medidas drásticas si no se respeta la importancia del momento.

Pero no es importante para ellos. Es sólo una cosa más. Es más importante la interferencia que el acto. Y con ello, seguimos vaciando de contenido el sacramento de ¿nuestra fe?

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.