COMO UN CHINO O COMO UN NEGRO

Leí el otro día una noticia: Un policía había descubierto que tenía sangre afroamericana. El señor era pálido como una pared encalá. A partir de esa epifanía, está luchando contra todo ataque a la raza negra pues es parte de sí mismo.

Sin temor a no ser original. Me doy cuenta de que los adjetivos calificativos nos ayudan a medir la realidad. Nos acercan o alejan de los arquetipos que aceptamos o denostamos. Pero tiene su gracia.

Puedes:
– Trabajar como un chino.
– Correr como un negro.
– Sudar como un mulo.
– Ser feo como el culo de un mandril, con avaricia.
– Vago como la chaqueta de un guarda.
– Trabajar como un negro (como los chinos)
– Dormir como una marmota.

Y muchos más que ahora no recuerdo. La cuestión es que asignamos a personas cualidades de otras. El monopolio de cada una de ellas se ve seriamente comprometido. Eso me hace pensar que es muy probable que todos los calificativos, universos, ideas y sueños viven en la inmensidad de cada cosmos personal, de cada individuo.

Y no puedo por menos que alegrarme de que todas las diferencias coexisten en mi adentro, como si de un rompecabezas se tratara. Sólo hay que esperar la oportunidad, como la del policía del principio, e ir colocando una tras otra, hasta conformar el todo que es cada ser humano.

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