LA QUE HABITA

Soy un adicto a la ciencia ficción. Me gusta que se planteen las mismas cuestiones constantemente desde un punto de vista distinto: Ya sea gráficamente, con gran despliegue audiovisual, o cambiando el nombre del Bien y el Mal para que la espera sea más seductora.

Sazonado con la belleza o la valentía: El conflicto permanente entre luz y oscuridad. El desgarro del dolor producido por la muerte, el único mal que no puede ser solventado; es la piedra filosofal que torna al cobarde en leyenda.

Para contarme lo que ya se. Que la podredumbre huele mal. Que el mal es feo o es una belleza que contiene la corrupción residente en su interior. Que los malos tienen razones para serlo que son igualmente poderosas que las que los buenos. Que vende mucho mejor ser bueno que malo, por muy cachas y pibón que sea el macizo malísimo.

Aunque la bondad sea un chiste mal contado es el motor que, bajo muchos nombres, modifica la existencia para buscar el sentido de la vida.

La maldad ruge. La bondad sabe hablar. La primera se complace en el dolor. La segunda, es capaz de soportarlo por un semejante.

Por eso, hoy seré el héroe de mi película vital; no cantaré en un tugurio: Mi escenario es una ópera plagada de vida y conflicto que anhela mi voz. La que habita en lo más profundo y empuja mi corazón a latir cuando no tiene fuerzas. Que dice tu nombre, el nombre de todos los vivientes. Y grita: ¡¡¡¡Sal fuera!!!!

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