CAMBIO CLIMÁTICO

¿Qué pensarán los que viven en un campo de refugiados en el cuerno de África sobre el cambio climático? Después de vivir recluidos en el infierno durante años, ¿crees que les importará algo que haya olas de calor extremas, como las que viven ellos, vientos ardientes huracanados, como los que disfrutan ellos? Sinceramente, creo que no es una de sus prioridades si se vierten miles de toneladas de CO2 en la atmósfera. No creo que sean capaces de tener una vida digna aun cuando se les diera pan, tierra y trabajo. Sus familias ya no tienen raíces: Son sólo las piquetas de las tiendas donde, carne de depresión, contemplan pasar los días, contar los segundos, morir las milésimas. ¿Y qué pienso yo del cambio climático? Pues que es una putada. Pero que no es tan importante. No cambiaré mi patrón de comportamiento: Usaré la calefacción cuando la necesite, el coche cuando me dé la gana y reciclaré, o no, si me viene bien. Creo que el cambio climático ya nos mató hace tiempo: Cuando decidimos ser, todos y cada uno de los que vivimos de cojones, comiendo tres veces o más al día, ombligos del universo. De todos los universos posibles. Nuestra tibieza calentó la atmósfera y congeló nuestro corazón. La pregunta es simple: ¿Quién está dispuesto a cambiar de vida para cambiar el mundo? No ya en nombre del planeta, al que le damos igual, pues sólo llevamos un ratito desde que su superficie se solidificó: En nombre de la dignidad a la que todos estamos llamados. Será entonces cuando el frío de nuestro corazón devuelva el invierno a los polos, nuestras lágrimas, las lluvias tropicales a las esquilmadas selvas y nuestro espíritu, devuelva la vida a las especies ya extintas. El milagro es la Humanidad como un todo unitario, sin diferencias. Un cosmos único contenedor de todas las direcciones posibles, naciendo de un mismo corazón cartesiano. Un solo corazón.

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