COMUNIDAD

He estado pensando en el trabajo que ha estado llevando acabo mi padre con las visitas a conventos de clausura y todo aquel que se le ha puesto a tiro para hablar. Habla de que cada uno ha de ser el que, cuando ha descubierto algo, lo alimente y lo haga crecer desde lo secreto y, así, sea la vida la que hable y sea la que aporte credibilidad a un credo.

Yo estoy dándole vueltas al asunto y creo que la comunidad como un lugar donde un grupo de personas viven y sienten unánimemente (una sola alma) es imposible. No creo en la coincidencia en el espacio y el tiempo de un grupo de personas que, con un mismo corazón, un mismo conocimiento y una misma experiencia, vivan en función de un proyecto que los une. Sin pensarlo mucho, creo que va en contra de la divina diversidad de situaciones en la que Dios está empeñado.
Lo que sí me parece probable es que dentro de todas las diferencias que hay, exista la posibilidad de que haya encuentros que nos reconduzcan hacia lo que, primordialmente, todo hombre y mujer anhela en lo más profundo de su alma; está la búsqueda del sentido de la vida desde la perspectiva que la vida ha posibilitado en cada uno de nosotros.
Ni todos los chinos son iguales ni todas las búsquedas son homogéneas. Están perfectamente diseñadas hacia una diversidad que respeta toda perspectiva y que culmina en la unidad. Dicho esto vuelvo a decir que no creo que sea posible que la comunidad como “hecho uno” sea posible como lo entendemos. Sé que es imposible que todo el mundo esté dentro de mi corazón. Pero si creo que, de la verdad que hay en mi corazón, en la búsqueda primigenia, evolucionada y actual, está la verdadera unidad que hará que un rompecabezas imposible, tenga una resolución evidente y plástica.
Hablo del Evangelio que se va encarnando en el resto de Israel, en el tocón de Judá. Toda verdad encaminada a la verdad del Evangelio para todos los hijos de Eva está acercando la familia de Dios a una realidad que, actualmente, la niega.
Ojalá seamos esa comunidad en el Espíritu que hace creíble y real el cuento de hadas en el que hemos convertido la Palabra de Dios. De esa verdad, y su encarnación, dependen la dignidad y la felicidad de todos.

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1 respuesta

  1. RENATO dice:

    Tal vez la comunidad no consista en “ser una sola alma y un solo corazón”, personas uniformes en el pensar y en el sentir. Prefiero entenderla como dices: comunidad en el Espíritu. Personas que, unidas por el Espíritu, ponen en común su vida, su anhelo de hacer visible el Reino de Dios, sus proyectos, sus esperanzas, sus talentos y limitaciones, su fe-roca y su fe-junco, su luz y su sombra…Todo lo que son y tienen porque están convencidos de que vivir en comunidad “como Él vivió” es una sencilla muestra del Reino de Dios para los que le buscan.

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