DISCORDIA

¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cuando había alguien que era una autoridad indiscutible, que su sola presencia hacía que todo recuperara el equilibrio? Ahora, es distinto…

Amamos de una forma distinta. Percibimos de diferente manera. Luchamos como si la guerra fuera nuestra solamente. Y sabes que una autoridad, un aglutinador, una figura de paz pondría criterio, orden… Y llamaría a las cosas por su nombre: Aquel que sabría que todas las palabras que autorizaban nuestra carnicería, significaban lo mismo. Y que un solo corazón tenía demasiados nombres, demasiadas facetas, siendo una única gema.

Y la poliédrica manzana concitó todo nuestro interés. A una, uno, nuestras miradas confluyeron en un punto. Y se atisbó la alegría. Pero siempre hay alguien que ha de poner un matiz que desdibuja el blanco en multitud de colores. Y es tan fácil perderse en la diferencia…

Lo que hubo de ser un momento de encuentro y comunión, se constituyó en declaración de guerra, conflicto civil, fratricida relación vestida de buenos modales.

Me pregunto qué habría ocurrido si, en vez de ser la manzana de la discordia, hubiera sido el punto de inicio, el amor primero de nuevo, la autoridad. El inicio de un arbitraje que respetaría la diferencia y alumbraría la identidad de cada uno sin miedo, con confianza.

El lugar donde nada que no hablara de paz y fraternidad, fuera sospechoso y reo: Donde todo lo que no sea la búsqueda del encuentro, sea desterrado, olvidado.

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1 respuesta

  1. Juan dice:

    Quiero vivir en ese lugar del que habla. Un abrazo

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