CONTIGO

“Cuanto más te acercas a lo que deseas, más grande es la tentación, más fácil es dejarlo…”

Las posibilidades de evolución, todas las que se abren cuando hay una disposición a lo desconocido, son infinitas. Como infinitas son las mentiras de las que se viste la mediocridad para engañarnos: Sirenas vestidas de “yatedijes”, “otraveces” y demás reproches que, como cantos rodaos, nos lanzamos cargados de amor y memoria, de la que no sirve de nada; esos recuerdos que construyen muros, trepanan esperanzas, amputan ilusiones…

Yo digo que nuestra vida es una auténtica mierda cuando no hay música. Digo la nuestra, la de los que aún vivimos con la ilusión de cantar una canción que valga la pena ser cantada, escribir un estribillo que nos alegre el corazón, un canon que aúne los corazones de quienes están compartiendo credo y vida en un recital…

Estoy harto. Estoy agotado de ver cómo, otra vez, nos hemos acercado a lo más bonito que podía ocurrirnos: Querer hacer evolucionar un proyecto heredado para construir desde las raíces que tenemos hacia los frutos que, cada temporada, son nuevos. Cuando nos acercamos tanto como Ícaro al sol, nos caemos por miedo a la altura, por saber cómo piensan unos y otros, por murmuraciones que tienen razón, pero que no sirven para construir nada.

Todos tenemos razones para abandonar: Heridas para lamer, justificaciones con las que culpar a otro de nuestras inacciones, nuestras faltas de fe.

Sé tú mi báculo. Cose mis heridas. Ríe mis chistes malos y hazme creer todo lo importante que verdaderamente soy y no puedo ver. Yo haré lo mismo.

Creyente o no, quiero vivir, componer, creer y cantar contigo.

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