DIGITAL

Últimamente escucho mucho eso de “Exprimir el momento, disfrutar lo que vives”. Y me suena al Club de los poetas muertos. Es un Carpe Diem que sugiere vitalidad, novedad, instantaneidad, si existe;

Quizá se pueda aplicar a una actitud vital en la que no me sienta atado a nada y me haga asombrarme de lo que me rodea, aportando una novedad que limpia el polvo que se va depositando sobre nuestros días…

Pero no se puede aplicar a las personas. Pienso en mi esposa: Intento aprehender recuerdos, acumularlos para que me sirvan en tiempo de tormenta; en mis hijos, que crecen sin tregua, sin mi ayuda: No se puede enjaular un espíritu que crece mecido por las modas, las sociales conexiones que enredan su juicio y ponen en duda los valores que su madre y yo hemos intentado inculcar…

Incluso con mis padres. “Aprovechadlos, pues no sabéis cuánto tiempo os queda con ellos”. No pienso hacer nada en ese sentido. Cada encuentro, será como haya de ser; pero no voy a plastificar los besos, archivar los aromas que me evocan la alegría o la nostalgia de un pretérito tiempo, supuestamente más feliz.

Os lo agradezco. De verdad: Agradecido por todos los consejos de los que habéis perdido alguien y seguís mirando su sillón como si fuera parte de su piel. El recuerdo que sobreviva a la tormenta vital que supone cada segundo, será el más preciado. Pero no supeditaré ni un solo segundo a digitalizar mis relaciones para posteriores angustias. Hoy, la hora en la que vivo, es ahora. Donde estoy, es aquí. ¿Quién soy? Yo.

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