LA CASA DE TODOS

El hombre es la medida de todas las cosas. Frase muy común que nos hace acotar, de forma alarmantemente reducida, el área de acción de cada uno de los hijos de Eva.

Al grano: Todos, de un modo individual, participamos en la consecución de una vida justa o injusta. Cada uno de nuestros gestos nos acercan al paraíso soñado o al infierno que tememos. ¡Ay, perdón por ser tan simple! Se me había olvidado que, para existir de una manera digna, hay que tener estudios superiores: Un máster en ecología sociopedagógica aplicada al medioambiente y doctorado en sociología paleolítica y neoliberal.

Mmmmm. Creo que seguiré esta vereda. No se intenta hacer un trabajo de base. Se pretende convencer del conjunto de requisitos esenciales, y nunca alcanzables, para comenzar a reparar el desbarajuste de vertidos plásticos en el mar y social en el que estamos inmersos. Una huida hacia adelante jaleada por los inútiles que hemos elegido como gestores de nuestros gobiernos. Hombres de paja en manos de hombres de palo en manos del dinero hecho de injusticia y poder.

Si deposito las pilas gastadas en su correcto contenedor; si aparco teniendo en cuenta que otro podría aparcar si yo no ocupara dos espacios, si soy educado en toda ocasión, sin juicios; si creo a tiempo completo, sin horarios; si educo a mis hijos con mi coherencia y mi tiempo y no con mi cartera, es posible hacer del mundo la casa de todos.

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