EDUCADO

A person drawing and pointing at a Education Chalk Drawing

Creo que educar y ser educado es de los trabajos más duros del mundo. Lo digo porque no es sólo hacerlo y serlo: Es que hay que practicarlo en todo momento, en todo lugar. Porque, ¿de qué sirve ser educado en un ambiente favorable? Ahí no tiene gracia. Lo verdaderamente interesante es cuando juegas en campo contrario, donde la mala educación campea por sus fueros: Dónde el respeto brilla por su ausencia y el desprecio a uno mismo y al resto son la moneda de uso. Y no creo que sea plato de gusto aguantarse dentro del pellejo de un maleducado. No hace falta haber nacido en medio de una familia desestructurada ni en un campo de batalla. De hecho, la ausencia de batallas, las propias, son las que hacen creer que ya no hay más frontera que cruzar, posibilidad de evolucionar. Lo que últimamente escucho es que hay que ser la mejor versión de ti mismo. Eso apesta a inmovilismo hierático. Y me parece una gilipollez. Yo quiero seguir aprendiendo y sorprendiéndome con todo, llegar a mi último suspiro sabiendo que aún hay camino por andar. Pero se nos inocula la estúpida creencia de que somos lo que somos, donde nacemos, lo que creemos: Departamentos estancos que nunca se comunican. Soy un apátrida, pues la tierra es mi país. Y soy un creyente, porque creo en Dios. El nombre que lleve el rey de mi corazón dependerá de dónde me criaron, de la tierra donde nací. Y no pierdo el hilo. Amo la educación como expresión del respeto debido y del que soy deudor. Creo en ella como la que da vista a la justicia y viste a la misericordia que se ríe de ella; como vara de medir, como báculo en el camino, como sextante en alta mar, brújula en el desierto. La educación es como el amor: No se cree más por ser quien es. Es. Y punto. Y, como la oración, se evalúa en el silencio y la soledad, tan necesarios para acrisolar conceptos, cimentar la verdad. Siendo que es cofre de sabiduría y consciencia, es motor de cambio interior, profundo. Por eso no está de moda y quieren domesticarla y tararla. Para que siga siendo rara avis en los tiempos que corren, las noticias que gorjean, los políticos que nos dirigen: Para que gobiernen los sentidos y desaparezca la serenidad y la cordura que aporta la educación.

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