REPTO

De los fingidos recuerdos de una película. De la emoción en cartón piedra que nos transporta a una inquietud que nos vuelve vulnerables. De la vida perimetrada por las expectativas del guion preconcebido, el corsé fuertemente anudado, las ventanas clausuradas.

Todo ello confina mi emoción al trastero de las verdades pendientes, urgentes. La mentira que me hace creer que será pronto el momento, el lugar, el encuentro que pase de ígnea a magmática, eruptiva, toda la capacidad que me hace querer vivir, crear, creer.

Y se me olvida que la vida es excepcional. Que no hay un solo día prescindible: La labor del tiempo desde su inicio se desharía si faltara un segundo de cada existencia.

Somos. Somos nacidos a la alegría de beber los vientos, surcar los cielos; compartir la imperfección con esperanza, las agujetas con determinación. Molidos los huesos, barruntamos la esperanza.

Pero mientras no sea consciente, deje pasar mis días sin ser profundamente agradecido, totalmente comprometido, mastico el polvo de los caminos que otros recorren en pie. Repto sin más horizonte que las dunas: Ni siquiera concibo el azul del cielo.

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