PASTILLAS

Pills macro

De costumbres. Si. Soy de costumbres. Me gustaría tener más voluntad para evitar todo aquello que me hace esclavo de mis debilidades. Y voy a ser mucho más osado: Denuncio públicamente un complot para hacernos cada vez más inútiles. La inutilidad es una cualidad muy buscada por la sociedad de consumo en la que desarrollamos nuestra existencia, pues nos hace creer que necesitamos cosas para solucionar consecuencias.

¿Qué me estás contando? Lo que oyes, Mari; La inutilidad deviene en dependencia y ahí es donde entra en juego el sistema. Pongo un ejemplo y así nos vamos entendiendo: Si estoy lustroso como un morcón de Guijuelo, lo que tengo que hacer es tomar pastillas para evitar la integración de la grasa en mi cuerpo. La solución no pasa por evitar ese cruasán lleno de crema preñado de pepitas de chocolate al 70% de pureza, no; tampoco por intentar moverme algo más que la Victoria de Samotracia, tampoco. La cosa es atacar a la consecuencia.

Y la causa quizá estribe en la circunstancia por la que hemos hecho normal lo excepcional y ya no hay una buena razón para la celebración: La vida es una fiesta que hay que festejar. Así, tenemos cerveza en el frigorífico para producir un coma etílico a un hooligan, helados para causar un coma diabético y carnes rojas que harían vomitar a un Velociraptor. Y, ya sea porque hoy es hoy, o porque mañana será hoy en dando las doce de la noche, cualquier excusa es buena para ponerme hasta el tapón, pedir un café con sacarina y echarme una siesta de pijama y orinal.

Quizá sean buenos los antidepresivos, que quitan la sensación de fracaso y tristeza, haciendo de mi un señor babeante y lento a la recepción de cualquier estímulo; son geniales las cremas hemorroideas, que hacen más llevadero lo que sufrimos en silencio; maravillas que bajan el colesterol que aparece por cualquier desconocida razón acumulándose en nuestras arterias. Hipertensión, maldita hipertensión, mantenida a raya: Te vas a cagar.

La resulta de tan variado paisaje pastillero es que tienes que hacer una tabla de Excel para ordenarte y no tomar a medio día las de la madrugada.

Y, como soy un hombre de costumbres, a estas alturas, no voy a cambiar, ¿no os parece? Voy a vivir al límite de mis posibilidades. Ya me lamentaré después.

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