BIENAVENTURANZAS

Bienaventurados los que servimos con nuestra vida al poder instituido, porque nos protege y nos libra del mal.
Bienaventurados los libres del mal, porque somos los buenos.
Bienaventurados los buenos, porque no somos los malos y es muy relajante.
Bienaventurados los que matan para no ser muertos por los que son muertos por ellos: Son asesinos buenos.
Bienaventurados los que buscan el conflicto como medio de vida: En río revuelto, sólo ganan los pescadores.
Bienaventurados los que viven gracias a los conflictos: Los fantasmas del pasado cobran vida gracias a ellos.
Bienaventurados los que fomentan la división, porque siempre vencen.
Bienaventurados los que siempre vencen, porque son una minoría que aplasta a la mayoría.
Bienaventurados los que rezan, porque ponen su confianza en Dios.
Bienaventurados los que sirven al dinero, porque saben a quién sirven.
Bienaventurados los que sirven a Dios, porque saben a quién sirven.
Bienaventurados los que saben que sirven a Dios, porque por sus frutos los conocerán.
Bienaventurados los consagrados a Dios, porque saben a quién están consagrados.
Bienaventurados los que saben que están consagrados a Dios, porque son signos de esperanza para el mundo.
Bienaventurados los que servimos a Dios, porque estamos en la verdad.
Bienaventurados los que estamos en la verdad, porque ya sabemos de qué va el tema.
Bienaventurados los que sabemos de qué va el tema, porque ya no necesitamos saber más.
Bienaventurados los que ya no necesitamos saber más porque ya no hacemos preguntas.
Bienaventurados los que no hacemos preguntas, porque estamos a favor de la situación presente.
Bienaventurados los que estamos a favor de esta situación, porque nos hemos decantado por el poder.
Bienaventurados los que nos decantamos por el poder, porque no entendemos de hombres, sino de poder.

Bienaventurados los que no dan nada por supuesto; los que no son fijos en la empresa de Dios, que es una empresa de todos y para todos.
Bienaventurados los que, con corazón de niño, esperan todo de Dios, como si fuera el único tesoro. Felices los que saben preguntar y preguntarse si han renovado su compromiso de servicio a Dios, haciendo más cercano el Reino y palpable su amor.
Humildes, como la tierra, los que no saben nada y preguntan cada día al Señor ¿Qué quieres de mí?
Y son regalo para el mundo los que son capaces de reconocer cuándo han hecho su labor y se reconocen cacharros de barro. No estorbarán y serán signo de que es Dios el más interesado en que esto funcione y que es Él quien pone los medios en cada momento.

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