Y LOS ANCIANOS SOÑARÁN SUEÑOS

Voy a escribir sobre el best seller de los temas de los últimos cuatro años: La crisis. Para no liarme demasiado, crisis quiere decir que no tengo trabajo; también puede significar que no tengo ninguna prestación por desempleo y que, por lo tanto, no puedo pagar los gastos fijos mensuales. Esta es la crisis que nos han vendido. La crisis es la antítesis, antes de su nacimiento, durante su gestación, de la situación de alegría sin par que vivía nuestra sociedad. Cualquiera podía comprar casas, coches, vacaciones y todas esas referencias de una buena vida. Escuché a un carpintero en aquella época “por menos de dos mil euros, ni me levanto”. No hacía falta darse cuenta del ritmo. El mundo era una fiesta y todos reíamos. Ahora echamos de menos esa situación y maldecimos no haber sido más previsores, tener más cabeza… Creo que en ningún momento nos hemos parado a pensar que es una oportunidad para recomenzar. La sensación que tengo es que se quiere volver a la situación anterior sin haber aprendido la lección. Y por ello, cuando caminas por la calle, escuchas historias de antes: Lo que tenía, lo que ganaba, las juergas que no volverán… Esta calle que ahora se vive es lo más parecido a una batallita contada por un anciano. Las batallitas, por definición, son historias reales de tiempos pasados que se vivieron con ilusión. Y, por ello, se rememoran para volver a emocionar un corazón que late con dificultad. Lo malo es que, quienes las cuentan hoy por hoy, no son ancianos. Es por esto que alzo la voz y pido que sea la ilusión la que inunde nuestras plazas. Pido la palabra para desterrar al dinero como señor de nuestro corazón. Rezo porque así sea y la naturaleza del hombre se imponga a la del depredador en el que nos hemos convertido gracias a la ausencia de valores. Ante tanta tristeza, lloro para que mis lágrimas mojen la tierra; y sean el preludio de un diluvio de llantos, de corazones quebrantados, que alcen los ojos y pidan al Dios que todo lo puede que nos arranque el corazón de piedra y nos dé un corazón de carne. Y, así, se renueve la faz de la tierra. Será entonces cuando los ancianos volverán a soñar sueños: Vivirán con la ilusión de un niño el nacimiento de un nuevo día.
(Publicado en R21. Enero 2012)

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