RECOMENCEMOS

Si vemos las noticias, te das cuenta que hay un nexo común en todas las malas: La gente muere. De algún modo. Si ves cómo jóvenes integrados protagonizan matanzas en las Ramblas o lanzan piedras en las fiestas de los pueblos: Se ciñen cinturones explosivos en Afganistán o son obligados a ser soldados antes de los doce años, certificas que hay mucho zombi transitando las aceras de la civilización.

La mejor manera de llevar al máximo la desesperación que hace cometer actos en contra de la propia existencia es arrancar del horizonte un futuro feliz, una posibilidad de evolución; es absolutamente genial: Convences al futuro infeliz que nunca tendrá la posibilidad de desarrollar una vida digna y se le vende la moto de una felicidad venidera tras una explosiva muerte. Será más feliz cuanta más gente se lleve por delante. La descrita es la primera de las posibilidades. Existe otra, mucho más tranquila y letal para los que la padecen: Criarlos sin límites. Enseñándoles que tienen derecho a todo por el simple hecho de existir y que, si no obtienen lo que quieren, lo han de conseguir por la fuerza. Dueños y señores, estos norcoreanos de pensamiento y occidentales de procedencia, ejercen una violencia extrema contra todo el que les supone una traba a sus deseos. Lo peor de la película es que hay muchos. Y todos son víctimas pues son abono para una violencia estructural que siempre beneficia al poderoso.

Da una causa por la que luchar. El ser humano es gregario cuando de ser solidario con causas se trata. Si no hay una lucha justa, nos inventamos la historia y bendecimos con una sensación de persecución a nuestros acólitos para que se radicalicen y luchen por nosotros mientras tomamos una cañita…

Violentos sin futuro; devaluados sin esperanza; estigmatizados por el miedo; engañados por quienes no se manchan nunca las manos. Os digo: Es mejor dialogar, discutir, enfrentarnos incluso a la posibilidad de certificar la falta de valor de nuestra vida, con la esperanza que eso trae consigo, que dinamitar el entendimiento, envenenando el aire.

Y te doy mi mano: Recomencemos.

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