ORACIÓN AL DIOS DE LA ESTUPIDEZ

Recurrentemente, el odio está lo suficientemente fértil como para parir nuevas formas de detestar al prójimo. De una forma casi infantil va, como quien no quiere la cosa, enraizando en las débiles mentes de los portadores de marcadores genéticos que definen la raza predilecta de la pureza.

Y se hacen fuertes: Se reúnen en hordas descerebradas ávidas de encéfalos diferentes a los suyos para odiarlos y marcarlos, como con la estrella de David; (os acordáis) La poderosa voz de la suma de todas sus voces enardece sus vacuas convicciones. El desprecio al diferente es el primer plato. Y así, el caníbal festival, da comienzo.

Escupitajos sazonan sus proclamas; y, casi imperceptiblemente, pasan de ser personas a bestias.

El jardín del Edén se vuelve desértica necrópolis: Campo de minas adornado con las extremidades trepanadas por la violencia y la sinrazón. Salve, dios de la estupidez: Los que van a odiar te saludan.

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