LA CULPA ES DE OTROS SIEMPRE

¡Qué pena me da la gente que sufre! ¡Si yo pudiera, haría algo por evitar situaciones de injusticia! Frases como esas son las que profieren gente que disfrutan de una situación de privilegio, pues pueden opinar sobre algo que sólo barruntan, pero a una distancia de seguridad. Como decían los puros, si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos permitido ninguna atrocidad, injusticia. Pero la historia tiene la curiosa cualidad de repetirse cuando no se conoce o se ignora por iniciativa propia y premeditada. Así, nuestros pecados son faltas leves a nuestros ojos. Las mismas faltas en el resto del vecindario son abominaciones dignas del cadalso. La libertad que quiero para mí es la que desprecio en los demás, pues la ansío desde mi patológica necesidad de ser el centro de todo. Y bueno. Maravillosas criaturas los hijos de Eva. Quisiera que, cuando la tormenta cese y los millones de arcoíris que se forman con la salida del sol iluminen cada rastro de oscuridad, cada uno de los que me rodean fueran el mayor tesoro que pudiera desear: Mi oportunidad de ser feliz en la diferencia.

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