¿CANTAMOS?

Cantar. Escribir el papel en el aire a través de los pulmones en un efímero instante. Dibujar sentimientos en la paleta de voces que componen un coro, un dúo. Primeras voces, graves, agudas: Todas ellas hablando de lo que está escrito en el pentagrama: De la resurrección de la vida del corazón en las letras, versos y versículos de cada canción.

Cantar, en sí mismo, es un milagro. Es el idioma que, sin hablarlo, lo comprendes con sólo tener orejas: No hace falta descifrar el mensaje: La mayoría se compone del color de las voces que emiten un mensaje que estás capacitado para comprender, compartir, abrazar, soñar.

Canto porque quiero. Es mi caso. Me hace feliz pasar de la curva tonal de una exposición, una pregunta: Una convencida respuesta a la melodía que transforma mi rutina vocal en un caudaloso río, un silencioso manantial, un lago subterráneo…

Y canto porque creo. Creo que el Evangelio es plena potencia en quien toma sus palabras y las une a la sinfonía de sonidos que están esperando ser urdidas para navegar con todas ellas por el aire estéril por su ausencia, pleno de frutos tras su cosecha en cada corazón.

Canto porque estoy vivo. Y más vivo cuando canto, pues comparto la vida que otros vieron nacer y compartieron a través de las canciones que hoy acompañan el latido de mi corazón.

Canto porque creo. Y creer es algo que no me pertenece: Es una llave que entrego en cada epílogo de cada canción que se recrea en cada escenario, capilla, catequesis o fiesta que comparto; y se me devuelve cuando me preguntan: ¿Cantamos?

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1 respuesta

  1. Judith dice:

    Canto a Dios, por eso canto.

    Un abrazo, hermano.

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