CONVERSAR

Humanos. ¡Qué predecibles! Obsérvese que he dicho humanos, no humano, en singular. Es un detalle muy importante a la hora de abordar los hechos que creo importante resaltar. Me repito, lo reconozco; pero por mucho que lo diga, parece que no es suficiente: La masa es estúpida. Los humanos, cuando se comportan pluralmente, son estúpidos. (hago la observación del plural pues me incluyo en ellos, no escapo a la estupidez)

Prosigo: Si quiero conseguir que un gran número se congregue, debo afectar a sus centros de interés. Y, como es lógico, pondré el ejemplo del deporte, el fútbol vamos, para que la metáfora sea perfectamente comprensible a cualquier córtex cerebral. Bajo cualquier pretexto, congrega en los sagrados templos futboleros a la horda ávida de goles, banderolas… y enemigos: La representación de buenos contra malos es la forma menos letal que parece haber encontrado la afición de canalizar sus ganas de matar: Las derrotas en el fútbol son un placer asombroso para los vencedores y carroña para los vencidos, que se conjuran para la próxima batalla, que seguro vencerán. Y así, siempre, siempre, siempre…

Pero, lo más preocupante, es cuando no hay una verdadera razón para el conflicto, pues se inventa. Y, en la coyuntura que estamos inmersos, hay dos claros ejemplos: Uno un poco más antiguo, pero que aún resuena en la memoria, y otro pleno de actualidad y actividad: Son el “Conflicto Vasco” y el “Procés Catalán”.

Vamos a ellos. Para que haya un partido, hacen falta dos equipos, dos contendientes. Si sólo hubiera uno, la cosa estaría un poco coja. Así que me invento al oponente y le otorgo malezas propias del Averno para que sea digno oponente de mi guerra o no tendrá la repercusión que espero. Tanto en uno como en el segundo ejemplos, no había contendiente al que batir: Unos mataban y otros eran muertos, en el primer caso y, en el segundo y menos sangriento, el opresor estado contra el oprimido pueblo catalán. Y ríete tú de lo que sufren la etnia Rohingya, con su persecución por parte de Myanmar; el mismo método utilizado con Hutus y Tutsis; palestinos apisonados… Eso son mariconadas al lado de la furibunda represión que sufren todos los catalanes, todos.

Y, como eso, evidentemente, es una gilipollez, pues adoctrinamos durante décadas para demostrar que alguna vez fuimos independientes, nunca, que el estado nos roba, mentira, y que los malos viven más allá de los muros del Shangri La catalán.

Estimados mentirosos, amigos míos, mis hermanos: Hacéis muy flaco favor a Cataluña: Dividís familias, incendiáis relaciones, emponzoñáis el diálogo.

Verdaderamente no creo que en ningún momento hayáis calculado el daño que hace el sectarismo. Ruego que estudiéis un poquito y aprendáis que, de la unidad, nacen grandes cosas y que si divides una sociedad, la hacéis más débil.

Temo ser pesado por obvio. Una profunda tristeza invade mi corazón cuando cualquier tipo de violencia, en las calles o en las clases, se valida en nombre de cualquier nacionalidad. Y rezo para que lleguemos, como dice la canción tantas veces mencionadas por mí, “a entendernos sin destrozarnos, donde sentarnos y conversar”

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