ESTRANGULA SUAVE

Comienza la jornada tempranito, que Dios ayuda a quien madruga; un ratito para centrarme. Desayuno, noticias y a preparar el desayuno de los que aún duermen. Hacer camas, fregar la cafetera, que no se puede meter en el lavavajillas; recoger el fregado, quitar las migas del tostador… Limpia la vitrocerámica.

Barrer la terraza, poner la lavadora en el horario barato de la eléctrica que me vende su energía verde a base de combustibles fósiles; limpiar el polvo del salón después de haberlo barrido pues se levantan sólidos en suspensión, tú sabes… Tender la ropa, limpiar los cuartos de baño. Y ya se ve la luz al final del túnel. Cuando termine de hacer eso que queda… habrá que hacer la comida: Rezando para que sea facilito.

Pones la mesa tras recoger todos los cacharros que he usado en la confección del almuerzo. Voy a recoger a la niña…

Y siempre hay algo que hacer que es fundamental, insoportablemente importante para dejarlo de lado. Todo aquello que está fuera de los pilares del orden y la limpieza es prescindible. Y pasan los días que me van acercando al campeonato mundial de casas limpias y Cool Homeworkers Contest.

A veces pienso que no es tan importante el orden, ni la limpieza. Es mejor ser más María y menos Marta: Esta, estrangula suave.

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