PUREZA

Nunca una palabra que sugiere bondades ha resonado tan brutal, tan perversa. Lo hace de una manera omitida, escondida, casi pérfida; y es que, si miro los últimos tiempos, compruebo que los sacerdotes de la pureza proliferan como setas tras la lluvia. Los hay que, verdaderamente, trabajan por lograr la bondad en la vida de sus iguales. Pero hay otros, muchos otros, que se dedican a tatuar números en los antebrazos de sus hermanos, en los perfiles digitales: Trazan fronteras en la educación en nombre de aquellos que son verdaderamente puros. Y haré un poquito de memoria para que quede claro de lo que estoy hablando: Armenios, Ruandeses, Judíos, Camboyanos, Bosnios, Kurdos… Millones de personas que murieron por la personal percepción de quienes estimaron que sobraban, que no eran dignos: Que eran prescindibles. Ojalá se pudiera escribir el asco que siento, las arcadas que me doblan, el ruido al vomitar cuando, por un solo instante, intento pensar en lo que yo creería de quien siente que soy una cookie de la historia, un archivo temporal sin valor. Pero bueno. Hay referencias históricas que hablan de la pureza de sangre. Aquellos que, endogámicamente, se aparean pues pertenecen al mismo nivel de la pirámide trófica. Debo recordar a todos los que obvian el conocimiento de la historia en beneficio parcial y propio que, adjetivos como “Hechizado” y enfermedades como la Hemofilia, son regalos maravillosos que la pureza trae consigo. Nosotros, los impuros, los que no tenemos derecho a hollar la tierra que vosotros bendecís con vuestra paranoica búsqueda del grial pueblo elegido, disfrutamos otros beneficios, otros maleficios: Pero tenemos claro que aquí, o cabemos todos, o no cabe ni Dios. Hay un dicho ganadero que dice que no sabemos con quién nos encontraremos en el futuro. Por eso hay que estar a bien con todo el mundo, en una equilibrada búsqueda de la alegría común. A los que hicisteis de vuestra lengua, religión o enfermedad, sentido de vuestra existencia os digo: Arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

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