CARENCIA DE FE

¡Qué estupidez! La propaganda apisona las trompas de Eustaquio con un mensaje abrumador: “La gente ya no tiene fe”. Y yo creo que es una opinión matizable. Quizá la gente no tenga la fe sociológica de la que hacía gala el antiguo régimen, bueno para unos, malo para otros; pero la fe es algo que viene como los adjuntos en los virus informáticos: Está.

Siguiendo con la argumentación, fe y creencia van indisolublemente de la mano; y todos necesitamos creer. Y tenemos la oportunidad de creer lo que decidamos, asumiendo las consecuencias de tal elección.

Y, como no podía ser de otro modo, vuelvo a hablar de Cataluña, como metáfora mediática fácilmente comprensible. Tan buena gente que se han creído que se puede mejorar anclando la identidad a distorsiones de la historia que refuerzan que la nación catalana está mejor sin el resto de sus hermanos españoles. ¡Qué bueno! La política se hizo religión y sus sacerdotes vuelven a sacrificar el bien común buscando la gloria histórica, el fungible éxito de la primera plana.

Yo creo que podrían hacer una nave espacial para poder huir de la suciedad, el asco que sienten hacia todo lo que no es propio. No vaya a ser que la pureza catalana se vea comprometida.

Pero lo más execrable es que han instalado el discurso del Maniqueísmo: Nosotros somos los buenos y los demás, malos y bandoleros. Todo político que practica tan abominable criterio ha de ser invitado a abandonar su puesto y reflexionar en el rincón de pensar. Se es servidor público de quien piensa como tú: Y del que disiente.

Allí, en la aria pureza catalana, donde coexistirán los hijos de los emigrantes del resto de España que no eran catalanes de nacimiento, los magrebíes y subsaharianos, sudamericanos y chinos, todo será felicidad: Habrá pleno trabajo, los perros se atarán con butifarras…

¡Ay! ¿No es maravilloso?

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