SILENCIO

“Barriga llena alaba a Dios”. O dicho de otro modo: Es fácil creer cuando en el horizonte no hay problemas que comprometan tu supervivencia.

Comienzo la reflexión del presente modo pues, como las mareas, retornan cíclicamente los miedos y la búsqueda de la seguridad económica y jurídica (la última es muy popular últimamente). Y me pregunto si no seré un pijo creyente, a true believer, que, satisfechas las necesidades primordiales, como decían los antiguos griegos, se dedica a filosofar.

Y, como la moda dicta, leo sobre el silencio, escucho sesudas ponencias sobre el silencio. Todo para que el silencio ni me roce. Yo creo que es, el silencio, un foco en la oscuridad, un microscopio electrónico, un telescopio espacial: Nada puede escapar al entorno en el que no hay esquinas donde esconderse. Por seguir con la metáfora, es un círculo que está hecho de espejos: Mires donde mires, no puedes escapar de tu imagen. Y es muy probable que no se ajuste a la autoimagen que tienes de ti.

Y es ahí donde las relaciones se tensan, posibilitando su evolución o su rotura; es el páramo donde un matrimonio convertido en nido vacío se da cuenta que son unos desconocidos; o se encuentran para seguir evolucionando. La crónica de un fracaso o la profecía utópica, alegría que está viniendo.

Odio el preludio: Pero deseo el crujido de mis estructuras, la fractura de mis certezas, el latido de mis esperanzas. Necesito el travelling de la escena que preludia el final, donde se hace memoria de todo lo que dio sentido a la vida: Para sentir que hay valor en mi existencia, no sólo por lo que hice, sino por lo que viví. Que creí porque era la única alternativa digna, amé porque era la opción más saludable y porque así lo decidí.

Y que me amaron por mí mismo.

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