GIRA, GIRA

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Yo me reconozco, en algunos temas, un palehominido. Un ser precámbrico que tiene problemas para evolucionar, pues tengo más razones para mantener mis convicciones que para ponerlas en duda.

En un tiempo en que la libertad y la posverdad son requisitos indispensables para conceptuar la coyuntura, un tema vuelve a noquearme y a preguntar…

Los padres hemos de educar. Punto. Desde ese punto de vista, el limbo que se genera cuando no se educa se llena de morralla. Si: Lo que viene a ser basura. Hay una basura muy común, que es utilizada como palanca para hacer lo que apetece, un argumento escasito de cerebro y pleno de instinto: Ya sea para el placer, ya sea para obtener el beneplácito que da el que otros padres, mayoría a la hora de exponer el asunto, están de acuerdo. Y esa es la basura: La supuesta democracia que se impone por derribo ya que otros padres dejan hacer.

Lo voy a expresar nítidamente: Me importa un carajo que otros padres permitan cualquier comportamiento que, en mi casa, no es admitido. Si unos padres consienten que una niña de trece años llegue con su novio a casa y se encierre en su habitación a lo que sea, lo siento: Yo no lo hago. ¿Me hace eso impopular? Siiiiiiii. Mucho. ¿Me afecta la impopularidad? Yo, como la multitud de feos que poblamos la tierra, estamos vacunados contra la complacencia de la popularidad. No tenemos nada que perder pues ya está todo perdido.

Llegados a este punto, os cuento algo que para mí es faro en la tormenta.

“Un buen padre ha de confiar en sus hijos. La premisa es buena en tanto los padres han educado a los hijos en un conjunto de valores que les capacita para distinguir el bien del mal en los términos que puedan entender.

Si los padres no estamos, no educamos.

Echamos la culpa a la sociedad del bienestar, el mercado laboral o al independentismo checheno… Así, me encuentro que cualquier hijo de vecino, cargado de derechos y nulo en deberes, preña a cualquier adolescente. ¡Cachis! ¿Cómo ha podido ocurrir? Los abuelos, azorados, asumen el rol de padres pues los adolescentes no están preparados para la educación del que está por venir. Así, los errores que cometieron en la educación de los hijos los vuelven a cometer con el agravante de que son abuelos, gente que está para malcriar. (los padres para criar)

Llamadme paranoico, pero la rueda gira, gira…

Quizá algo se ilumine en las conciencias de los hijos devenidos en reproductores y compartan responsabilidades. Pero creo que un hijo ha de venir al mundo en un ambiente estructurado, apuntalado en valores y no en una patera a la deriva de los sentimientos y pulsiones que nos martillean a través de los medios de comunicación.

“Para que llore yo, lloras tú”. Un dicho antiguo que muestra lo difícil que es educar. Pero tengo claro que, por seguir con la analogía de la vida, el dolor del parto trae consigo la alegría de la vida.

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