HEROES

Cuando veo películas, o series, se me abre la oportunidad de asociarme a uno de los personajes y vivir, en tercera persona, lo que siente. Es una manera inocua y muy descansada de experimentar cosas que, realmente, nunca podré.

En el imaginario colectivo, tener un vínculo con un dragón, un mapa del tesoro oculto tras el retrato de tu abuelo, una experiencia traumática que despierta en ti un superpoder, un bullying que te hace un ser comprensivo y magnánimo… Todos ellos son temas recurrentes en las historias que deglutimos habitualmente.

Una narrativa interesante es extrapolar los problemas de los humanos a humanoides robotizados. Volvemos al mismo tema de siempre: Nos ponemos enfrente de nosotros mismos, pero con androide perspectiva y analizamos nuestros terrores, angustias y bestializaciones desde el sillón.

Ya sea en plan héroe, ya en cuestiones religiosas, ocurre lo mismo. Es sencillo observar capacidades divinas en nuestros semejantes. Pero no se nos ocurre que son características comunes a nuestra especie. La conclusión es sencilla: Un héroe religioso, por llamarlo de algún modo, es alguien tocado por el dedo de Dios. Y, si Dios está en todo, en todos, podemos ser nosotros los próximos. Y eso es superagotadorrrr.

Paso la página y busco otro superhombre, con otra raza y en otro siglo para convencerme de que otros harán lo que yo sé que tengo que hacer por mí mismo, por todos mis hermanos: Porque estoy destinado a hacer grandes cosas.

Nos vemos pronto en el próximo estreno. Viejos conocidos se darán la mano. Será sencillo saber cuál es el desenlace.

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