PALABRAS

A veces suenan como gruñidos; otras, son sólo guturales sombras de una nana, tumba sin nombre… Pero hoy, hoy se están pronunciando palabras que no deberían ser articuladas. Son sonidos que debían pertenecer a un pasado demasiado próximo, al basurero de la historia, crematorio de malas ideas.

Y hablan de tambores de guerra, de señores poderosos que han de hollar la tierra humedeciéndola de nuevo con la sangre de los inocentes, de todos esos que no cuentan, tan prescindibles…

De nucleares amenazas, de humillaciones sin cuento: De mentiras basadas en falacias, criadas donde el apellido es Expósito: Amamantadas por la burla y el desconsuelo.

La verdad y la mentira tienen el mismo cuerpo. Pero no se parecen. No son como la luz y su ausencia, el frío y su deshielo: Sobre el blanco lienzo, se plasman; sin curva de entonación, los discursos se escriben y son proferidos; las homilías son compartidas; las oraciones son susurradas. Las canciones, ¡ay, las canciones!

Prohibamos prevaricar con las palabras: No sean cuerpo de las mentiras que vulneran la honestidad, desmembran la valentía; la Palabra, cuerpo; el verbo, corazón. Y todos los adjetivos que, por un solo instante cimenten un solo muro, construyan una verja, enrollen el espino alambre, sean proscritos, encerrados con quienes tiñen de halitosa embriaguez los campos de la alegría.

Cadáveres al sol sean quienes intencionadamente usen la palabra, el verbo, Dios mismo, para ser yesca, otra vez yesca de la conocida parca de los pobres, de la inocencia, del amor.

Dedico tan sentido escrito a los bufones del poder. Los pasados, si la tuvieron, ya no tienen gracia; los presentes, nunca la tuvieron. Marionetas de un poder que sólo se sirve a sí mismo. Endogámico, aberrante, incestuoso…

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