COMER

O mejor: Devorar. Llenar mi boca, sentir como degluto; bajando el bolo alimenticio, qué antiguo; si.

Así sabré que estoy vivo.

Que no es lo mismo tener ganas de comer que tener hambre. La furia que me lanza a buscar algo que hacer desaparecer en mi boca para que desparezca la angustia.

Siiiiiiiiii.

La maldita angustia que me produce el vacío que me lanza a llenar mi estómago de todo lo que me daña, me mata. Maldita serpiente que asfixia toda cordura y sojuzga la voluntad. Hambre que nunca lo fue: Es un espejismo. Un alarido vacuo. Veneno tiñendo todas mis ansias de dientes: Caninos, para desgarrarme por dentro.

Y trago dientes como sables. En canal abierto: Abierto en canal aúllo esperando la presa que saciará un instante la ausencia que no se cura.

Un cigarrito. Una cerveza, una cena, una tapita, unos tostones. Poned en la lista todas las excusas que, socialmente, me permiten mitigar el síndrome de abstinencia que nació cuando abandoné el camino, incendié las cartas portulanas, incineré la esperanza: La que me permitía mirarme de frente, desnudo, sin excusas… Y me hacían llamarte por tu nombre.

Amor de mi vida que construyes todas las noches el firmamento; mueves las hormigas en nebuloso y matemático caos, escuchas cómo crecen las Secuoyas…

Lléname de luces, de dudas, de preguntas que aún no tienen respuesta. Pon en mis manos la brújula y el sextante, los zapatos en los pies. Enciende un fuego muy grande. Escudriñaré las pavesas, la columna de humo, durante el día será mi norte; las llamas, las letras de tus palabras.

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