LA PRIMERA VEZ

Hace un momento, antes de comer, fue la primera vez que me encontré con el amor de mi vida. Como al mirar la colada candente de una fundición de hierro, mis ojos quedaron ciegos con el contorno de su rostro, su figura menuda. Y dos lágrimas rodaron furtivas, pues no querían ser descubiertas: Sólo recordarme que está… Mi cuerpo siente con independencia de mi razón.

¿Cómo puedo encontrarme con ella cada día y, de tarde en tarde, de turbio en turbio, mirarla y ser la primera vez?

No. No es otra vez. Es la primera. Como si, tras quemarte al sol, nace de nuevo la piel nueva. Brutal su mirada, horadando mi corazón, tatuando su sonrisa en mis huesos, sus apellidos y todo su nombre.

Taladrando mi cordura. Haciendo de mí, de nuevo, un pobre hombre que siente incendiar toda realidad, pues renace de la ceniza el dulce néctar de su voz. Profetizando vida.

Ni buena ni mala: Vida indescriptible.

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