CUANDO YO NO ESTÉ

Nacerán más días. Lo propio harán las noches. Seguirá el silencio al ruido.
Los papeles revolotearán en el aire a partir del suelo pues parece que alguien tirase de ellos. En un remolino.

Habrá niños en los parques de quienes nunca sabré los nombres. Abuelos que intentarán imponerse sin éxito, dando por bueno el intento. Semillero de suicidas, ninis, vagos y futuros artistas trileros. Niños que tendrán niños, que engendrarán niños, niños para siempre.

Cuando yo no esté seguirán las manchas negras de los chicles pisados cientos de veces. Dos veces al año intentarán los del servicio de limpieza quitarlos. Pero quedan como lágrimas negras, luto por la incivilización que hizo ,del piso, basurero.

Cuando yo me haya ido, nacerán mentiras, excusas; saltimbanquis y acordeonistas tocando canciones en Adviento o música de fiesta en el estival atardecer.

Cuando me vaya: No quedará nada de mí. Los muertos no sirven de nada. Mejor así. Hay veces que, de vivos, tampoco.

Se crearán nuevos cachivaches que apreciaría como prodigios, de la misma manera que el color a las fotos para mis bisabuelos. Ahora siento que lamentaré no estar en cosas. Pero, ¿de verdad que me importa no estar? No es acaso una manera de querer permanecer en el tiempo.

El tiempo: El mayor regalo que hizo la vida a la fútil existencia del hombre. Un privilegio de principio a fin. Y, por ello, malgastado.

¿Ha de quedar huella de nosotros? ¿Quizá algún bien material para que se enfrente mi descendencia? Si lo que vamos a dejar como herencia se parece mucho a lo que nos dejaron, ¿de qué sirvió una nueva vida? ¿Para repetir los errores, condurando el desacierto y la amargura?

Ojalá queden preguntas, al menos, cuando no esté.

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1 respuesta

  1. Aunque no sea para mí, lo recibo agradecido.

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