OBSOLESCENCIA PROGAMADA

Es una característica que asociamos a aparatos de uso cotidiano. Con ella, describimos un modo de percibir la realidad: Mercantilista, de consumo: Prescindibilidad calculada…

Pero es una cualidad humana: Es la cualidad humana, que nos define como seres fungibles: Cuyo rango útil acota nuestra vigencia, nuestro valor; durante el tiempo en el que nos formamos para la vida que tendremos de adulto, a lo largo de la mayoría de los años, vamos advirtiendo como, en algún momento, comenzó un descenso: Al principio era simbólico. Pero era real. Cada vez más real.

Y vamos inventando nuevos adjetivos que añadir al dolor. Aprendemos palabras que terminan en -itis, -oma, -osis… Y nos esforzamos en recordar. Restauramos en nuestra memoria situaciones que juramos destruir pero que, ahora, nos devuelven sonidos que ya no están, olores que nunca volvieron, abrazos que no calman, pero que evocan amor.

Y acompañamos a los que nos precedieron en el camino sin retorno, en la senda de la indignidad que aporta el acumulo de años: Repetir ideas constantemente: Las mismas. Inventar anécdotas que nunca ocurrieron para fundamentar el valor exiguo del presente.

Y fabular. Fabular la mitología que nunca existió. Repetir los argumentos que cimentaron nuestra conciencia, existencia.

Y coexisten pasado y presente con las goteras de la vejez. Pañales y pastilleros. Glucemias y desdentadas bocas. Aparatos para oir lo que se oía sin aparatos. Lagrimas de impotencia. Esquelas en las temblorosas manos. Llantos recordando a la madre…

Obsoletos, deseamos la baja para encontrarnos con el principio de todo.

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