NO TE VAYAS

Hay peticiones que reflejan lo inevitable. Aún cuando lo sabemos, las formulamos como si de un sortilegio se tratara para eludir lo que ha de ocurrir. Y te das cuenta de que todo ocurre sobre la hebra del tiempo. Todo el tiempo transcurre en una sola vida, la tuya; intentas que los pilares no se vean removidos por la inevitabilidad: Pero en vano, tratamos de atrapar la luz en un tarro, el viento en un saco, la vida en un abrazo.

Y, por un instante, entiendes que la luz ha de iluminar, el viento ha de hacernos respirar y el abrazo ha de permanecer en nuestra piel eternamente pues es verdad: La verdad del abrazo permanece en los que se entrelazan.

Ya sean padres o madres; ya sea la propia existencia que se nos escapa sin sentir pues es sólo un camino hacia la sabiduría o su ignorancia: Para crecer o para hacer de nuestros actos magia y oscuridad: Así podremos culpar de nuestras reincidencias al destino y no a nuestra decisión de poner en manos de otros la alegría que sólo puede brotar del conocimiento propio.

La muerte no nos arrebata el amor. Es el amor el que incendia el recuerdo como luminaria en la oscuridad. Cegándonos de luz, nos devuelve todas las sonrisas, las lecciones y las lágrimas que hicieron de quien marcha, un eterno okupa en nuestro corazón: Un habitante amado, un lugar al que volver…

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