VINTAGE

Mentir. Mentir de todas las maneras imaginables para vender. Vender todo lo que siempre se ha vendido, pero con otro nombre, otro envoltorio.

Sin rodeos: Nuestra sociedad odia todo lo que huele a vejez, chochez o cualquier palabra que termine en -ez y huela a obsoleto. Y, lo mejor del asunto, es que son los que van camino de la obsoletez (sí, ya sé que no existe) son los que se empeñan en maquillar las arrugas, olvidar la experiencia, operar los años.

Y lo hacen porque los días van doliendo, las fuerzas, faltando; y, en vez de aprender de la sabiduría que otorga el camino andado, fingen juventud. Eso tiene una parte interesante, pues es fascinante ser entrado en años y parecer que tienes menos: Es magnético para los que aún son jóvenes. Pero igual de monstruoso es pensar en un joven con la experiencia de un senil que en un carcamal devenido en aparente mozo.

Y, para rizar el rizo, los que ya hemos hecho camino de la vereda, ponemos de moda los objetos y costumbres que nos acompañaron en nuestra inocente juventud. Y los llamamos “Vintage”. De ese modo, permanece nuestra memoria vigente mientras detestamos los años que hicieron de las cosas, algo interesante;

…Una aberración más de las muchas que caracterizan a la falta de verdad que destilan nuestros ojos ante el espejo. Sería más sencillo aceptar la maravillosa posibilidad de disfrutar, sin filtros, de todos los frutos sembrados allá, a lo lejos; quizá nos haría sentir el orgullo de haber presenciado algo en su gestación y haberlo acompañado en su crecimiento.

Y dejaríamos de inventar estupideces para mentirnos. Pues nos hace esclavos de sus cortas patas, de su insoportable lastre.

P.D. Lo más vintage de nuestra sociedad adolece, pena y muere en asilos, geriátricos y demás desguaces…

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