CROSSROAD

A la permanente dialéctica, la polaridad magnética o eléctrica, dulce o salado, os saludo.

O caminamos solos o lo hacemos en comunidad. Y es ahí donde, cada vez más profundamente, he de disentir. Y lo hago sin remordimientos, sin que sea una herejía; lo practico incluso, pues estoy dispuesto a formular una antítesis a la síntesis comunitaria “comúnmente” aceptada. Procedo:

Creo en el encuentro personal con el dador de vida: Ese momento en el que la existencia pasa de las 625 líneas del blanco y negro al rutilante 8K. En ese instante todo cambia y nada volverá a ser lo mismo. Estar con el amado, beber las aguas que bajan de la ladera del templo… Todas esas imágenes que nos hablan de vida, de maná bajado del cielo que hay que buscar de nuevo mañana…

Y la búsqueda se va haciendo más exigente, te reinicia cada amanecer y te hace preguntas que ayer no existían y que, al final del día, han cambiado el contorno del crepúsculo.

De pronto, te das cuenta que hay más gente mirando cómo el ocre se hace malva, más oscuro, hasta dar paso a las luciérnagas que pueblan la bóveda celeste, ahora negra, describiendo caminos, nuevos caminos. Y lo comentas. Unos vienen del oeste, otros del oriente más lejano. Todos con una cantimplora vacía y un corazón inquieto: Compartimos, descansamos y, al alba, reiniciamos la búsqueda con la vida patas arriba, de nuevo; y el corazón con todas las dudas intactas: Y nuevas esperanzas.

Así, la comunidad habita en la casa crepuscular, la tienda de campaña desde donde la noche contempla las escaleras por las que suben y bajan quienes quieren vivir en espíritu y en verdad.

No es un lugar estático: Es un cruce de caminos.

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1 respuesta

  1. Es precisamente en ese cruce constante de caminos en el que cada quién ha de tener claro el espíritu y la verdad que busca. Y en la duda y diferencia – que siempre existirá – tratar de saber qué papel juega la Fe en la Providencia que debe mover nuestra inquietud personal, o esa otra a la que llamamos comunitaria..

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