DOMESTÍCALA

Un insulto a la inteligencia. Esconder algo frente a ti para que no te des cuenta. La mejor manera de manipular la indomable voluntad del ser humano.

De eso va el asunto. La desesperación como mal menor, conceptuar el bien como una utopía, en su acepción más negativa; ser gobernados por ineptos, ruines patanes que, en nombre de la identidad, cuando no hay proyecto político, o de que son la única alternativa a sí mismos, son una y otra vez votados por la lamentable mediocridad de quienes sólo piden “vivir su vida, sin más mentiras: Y en paz.”

Argumentos penosos que ponen un bozal a los aullidos del alma encarcelada en una jaula hecha de papel higiénico…

Oliendo a mierda nuestras razones, que no son otras que las del armisticio ante la derrota del alma guerrera, indómita, a la que se le ha hecho creer que no tiene más alternativa que lamer las botas: Y, quien más perspectiva tenga, el culo de su amo…

De eso va. De la vida como secuencia ininterrumpible de bajadas de pantalón, de violencia doméstica, guerras evitables con víctimas sin nombre, para que no nos duela; tumbas acuosas mediterráneas que oscurecen los bronceados de nuestros rosaditos vecinos…

Si quieres desactivar una buena idea: Si quieres esclavizar un alma creadora de vida: Si encadenar una buena noticia, el Evangelio como derribador de muros, enjugador de lágrimas, liberador de esclavos, domestícala.

Redúcelo a ritos. Limita los días de credo a los domingos, cuelga medallas en los pechos y peinetas en las cabezas: Congela su fuerza en artísticas tallas y sácalas de paseo para recordarnos cómo hubo de ser y que todo es tradición. Traiciona su alma quemando incienso y velas: Metáforas de las almas que aúllan encarceladas en jaulas de papel higiénico.

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