DIOS NO ESTÁ EN MANOS DEL HOMBRE.

Comenzaré por el final: Una sociedad sin educación es un árbol con las raíces podridas.

Hecha la afirmación, paso a fundamentarla. Encontramos hoy día un fenómeno llamado Posverdad. El palabro describe la certeza de que todo es opinable y puede ser puesto en duda dependiendo de los intereses de quien lo haga. Mencionaré casos actuales: El hecho de que se regalen armas a los adolescentes en los cumpleaños, la falta de límites por parte de los padres, no vaya a ser que se traumaticen, no es razón para plantearse la prohibición de tener armas en casa. Los asesinos de las últimas masacres en Estados Unidos son inestables mentales. Pues van unos cuantos… (plantear que los legisladores son también inestables mentales no se puede)

Otros se vienen arriba con lo de la nacionalidad propia e inventan una historia por la que tienen que arrebatar la soberanía al estado opresor; desobedecen las leyes, que son para todos, y, cuando no les sale la jugada, huyen y dicen que son “exiliados” y que, los que han sido encarcelados, son presos políticos. En ningún momento se menciona que, ni la quimérica idea de un estado propio es inviable, ni que saltarse las leyes tiene consecuencias. Lo que pasa es lo que siempre ha ocurrido en el origen de las sectas.

¿Qué me estás diciendo? Lo que oyes, Mari. Todo procedimiento sectario nace de la absolutización de una parte de la verdad, que siempre es mucho más amplia: Todos caben y caben todas las ideas. Pero es mucho mejor concebir una nueva tierra prometida, nuevos mártires, nuevos profetas: Inventarse una nueva mitología tan antigua como el propio mundo.

Y extrapolo tan extraña idea a la libertad de expresión, ese Mare Tenebrosum donde todo cabe; puedes faltar al respeto a los vivos y a los muertos, a las religiones y sus sacristanes (sobre todo, a la católica, que no se nos ocurrirá faltar a otras monoteístas) y a todo lo que, en nuestra vulgaridad, se nos ocurra insultar para ganar notoriedad: El minuto de gloria que todos necesitan para gozar del priapismo que trae consigo.

Iré concluyendo. No me preocupa que nadie insulte a la Virgen María en cualquiera de las torpes formas que se advierten últimamente. No es relevante en modo alguno que se ridiculice el sacramento de mi fe. Me da igual.

No insulta el que quiere sino el que puede. Nada de lo que cualquier hijo de Dios pueda decir será capaz de otear mis convicciones. Lamento que alguien piense que la madre de Dios o Dios mismo necesitan ser desagraviados. La misericordia es la cualidad que adorna su corazón.

Dar alas a todas esas tonterías es ayudar a que mediocres sin creatividad se llenen los bolsillos, aparezcan en la tele y darles gasolina para el próximo incendio.

Dios no está en manos del hombre.

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