SIN RED

Yo creo que una de las peores pesadillas que he tenido es aquella en la que caigo. Durante mucho tiempo, la desagradable sensación de que surco un profundo oscuro, con ganas de vomitar, esperando el inevitable golpe contra el suelo, que desmiembre mi cuerpo, aplaste mi cabeza, ponga punto final.

Pero hay una mucho peor: La que combina tu ausencia con la infinita caída que nunca me mata, sino que me permite recordar por qué no quiero vivir sin ti. Vivir solo está bien. Pero la referencia vital que tú me aportas, me hace sentir: Me hace creer que todo se puede.

Y comienza la caída cuando soy como la sombra de un futbolista en un partido: Varias con mis pies como centro pisoteadas todas… Estoy: Pero da igual. La velocidad va en aumento cuando me doy cuenta que, a medida que soy engullido por la soledad, la nada, estoy cada vez más lejos de ti. Y la angustia me hace desear morir millones de veces por segundo. No quiero un Tártaro sin beso de despedida, sin abrazo, sin mi nombre en tus labios. No hay sonido que me dé referencias del aire que me rodea: Sólo la náusea de la caída.

Y de pronto, reparo que la verdadera muerte no es chocar contra el ígneo infierno: Es estar a tu lado y que no me mires. Entonces comprendo la distancia entre el cielo y el infierno. Es insalvable aun cuando puedo verte.

Caigo. Sin red. Sin ti, ¿por qué no caer?

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