¿SÁBADO O DOMINGO?

No hay nada tan bueno para la salud como caminar una hora. Ni mucho ni poco. Te da tiempo a hacer una distancia considerable y tus músculos te avisan de lo poco que te mueves. Pues ahí estaba yo, en mi primera mitad de tan saludable actividad; entré en un chino para ver si tenían enchufes machos acodados, una delicatesen en los tiempos que corren pues no lo encontré en varios establecimientos que había visitado. Me encontré con unos amigos y no hallé lo que buscaba. ¡Hasta luego, hasta luego! Salí y, al caminar unos pasos, vi una señora sentada en una esquina. Hacía aspavientos a los coches y, al acercarme, era notoria su capacidad para usar cosméticos con colores ácidos pues parecía un semáforo. Haciendo la calle que estaba…

Sabedor de su actividad, quise respetar su espacio y su dignidad, me separé prudentemente. Entonces, ella, me preguntó: ¿Hoy es sábado o domingo? Domingo de Ramos le contesté. Ella me miró brevemente y proseguí mi camino.

Según la dejaba atrás, cruzando el paso de cebra, blanco- carretera- blanco, pensaba que no había razón para la pregunta. Y recordé una historia en la que una señora mayor, bien vestida, se dirigió a un joven en una populosa ciudad europea y le preguntó la hora. El joven, indignado, le espetó: “¿acaso no le funciona el reloj que lleva? Ella contestó: “Es que quería conversar con alguien”.

Quizá quiso conversar conmigo. Y vi la tragedia que había acontecido donde yo fui espectador y actor al mismo tiempo. Pensé en el espantoso negocio que hace que una mujer esté dispuesta a ser manoseada por cualquiera, por dinero; en la atrocidad que supone que un desconocido intime contigo sin saber ni siquiera tu nombre. En la del escribano, que mantuvo una decente distancia pues no es usuario de tales servicios, pero si de hablar de Evangelio. En la cantidad de aranceles que se levantan en la frontera entre un ser humano y otra por el simple hecho que relaté al principio.

Y caí en la cuenta de que es muy fácil levantar un muro ante una puta poco agraciada. Que es muy posible que haya puteros poco agraciados que se acerquen a ella por las razones que sólo ellos conocen. Infinitas soledades.

Y advertí cuántas personas llevan la derrota tatuada en su mirada, dibujándola en las aceras, pues sus ojos se enredan en las líneas formadas por las cuadrículas grises que encajan el grosero pavimento. Vidas condenadas pues no conciben la felicidad como posibilidad, la dignidad como don, la paz como camino.

No digo que no haya tantos universos como personas: Digo que todos hemos de vivir, un día tras otro, la intriga y el desafío de transitar nuestra existencia como reto hacia la alegría.

Y no son sólo adultos. Padres que viven la existencia como paso por un valle de lágrimas, trasfunden a sus hijos el sentido trágico y melodramático, nunca cómico, de la vida: Así la herencia es hormigón en los párpados, risas prepago y videojuegos relatando asesinatos en primera persona.

La pregunta no es si sábado o domingo: Si no vale la pena, ¿Recomenzamos?

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