EDÉN PREOCCIDENTAL

Reconozco que no lo tengo nada claro. Antes de llegar el letal virus occidental al resto del planeta, las sociedades que gobernaban, ¿eran justas? Por preguntarlo de una manera más sencilla: ¿Habría justicia social hoy si los occidentales pies y su sed de riqueza no hubieran hoyado tierras africanas, ultramarinas y eso?

Creo que, con el lógico margen de error, las sociedades se habrían corrompido de la misma manera: Se habría condenado a la máxima pobreza a los que vivían en la indigencia y los ricos seguirían mandando: Como siempre.

Y pienso en todas las tierras de misión: Las que ayudan a que la inmigración sea uno de los negocios más lucrativos, a que no haya dignidad en los países subdesarrollados para atender a sus nacionales pero que, ricos en materias primas, los condena a gobiernos corruptos por los siglos de los siglos…

Y me sigo preguntando si la dignidad para cualquier pueblo es que consigan las mismas cotas de bondad a la hora de obtener los mismos servicios que cualquier europeo país. Y puedo afirmar que no.

Nosotros no vivimos en sociedades donde el respeto, la cultura y la educación son las columnas rectoras de nuestro comportamiento. De hecho, nuestros políticos, buscan su beneficio y anteponen sus intereses, ya sean en una utópica república, ya sea en un país que, bien fracturado, sigue siendo su peor enemigo.

Sigo esperando que, quienes rigen nuestros destinos, busquen el bien de todos y no sólo el de sus votantes. Que cuiden el planeta y propongan desafíos que no sean rentables económicamente hablando, pero sí, si de dignidad para todos hablamos.

Sueño con la ecuanimidad que vertebre cada gesto hacia cada hijo de mujer, cada viviente; y con el respeto que, siempre desde mi punto de vista, el Evangelio abona el entendimiento, espíritu y alma.

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