MÁS CONSTRUCTIVO

Un depredador, habitualmente, se dedica a eso: A mirar a su alrededor y ver cuál será el posible menú del día. Una vez que la víctima se reúne con sus antepasados, a la par que llena el estómago del susodicho, el depredador se busca un lugar para guardar la comida restante, que luego habrá que tomar un tentempié.

Ya tenemos dos necesidades cubiertas: Comida y techo. Tras la siesta, tan necesaria, nos dedicamos a pensar si la vida no es algo más que la búsqueda del alimento. Y es entonces cuando se cumple la máxima de que, cubiertas las necesidades, comienza la expansión. Ya sea mental o espiritual se puede uno dedicar a más altas cosas…

Y es entonces cuando tu vecino puede ser un hermano, un aliado o un enemigo. Dependiendo de lo que decidamos, estableceremos alianzas o declararemos hostilidades; pero no antes de tomar un piscolabis, que el estómago ha de estar entretenido.

No quisiera aburrir al lector. Pero creo que la mayoría de los conflictos que nos atenazan son de gente con el estómago lleno y necesidades cubiertas. Que, lejos de emprender acciones que dignifiquen la vida de todo el vecindario, nos dedicamos a etiquetar y calificar, estamos cualificados para ello, a todo hijo de vecino. Creo yo que sería más sencillo buscar la cordialidad y la convivencia serena que montar ficticios conflictos.

Somos, todos, diferentes. Y eso nos hace maravillosamente únicos. Y una cosa que nos unifica es la búsqueda de la felicidad. Creer que la felicidad está en la imposición de nuestro criterio a cualquier precio es dinamita para los puentes del diálogo y la razón.

Por ello, y sabiendo que todos defecamos por el mismo sitio debido al mismo sistema digestivo, sugiero que no defendamos que nuestras mierdas huelen mejor. Creo más constructivo usar todas en la fertilización de la tierra que todos compartimos.

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