TIERRA DE NADIE

Mola. Esto de volar mola. El glamur que hay en los aeropuertos, sus cuerpos de seguridad, pases de modelo, el desdén de aquellas que se saben superdivinas…

No dejan de ser autobuses con alas.

Pero sigue siendo un modo de viajar que supone una diferencia sustancial con respecto al resto de medios. Volar…

Separarte de la roca a la que vives permanentemente atado y, en un segundo, cuando está acelerando el avión, tu nombre es Icaro. Y, los doscientos y pico de señores se bautizan de nuevo contigo. Miras sus caras y ves los que suelen viajar constantemente: Un aire de aburrido fastidio; los que no somos habituales, desando que nos toque ventanilla para ver… Nada. No se nada y no puedes jugar a ser cartógrafo. Los niños que lloran, pues les importa un pito que no sea su casa o que haya pasajeros con Niñofobia: Lloran. Gracias Señor que aún están vivos y no están subyugados por la luz azul de la Tablet.

Pero lo que está clarísimo es que los caminos en el cielo son como los caminos en el mar que cantó el poeta. Océanas rutas son círculos máximos en el cielo. Y que los caminantes siempre están sentados.

¿Tierra de nadie? Si. Pues nadie quiere quedarse en tierra o a medio camino (lo segundo, seguro) Publicitan productos duty free para intentar alagar ese momento. Pero son como las herencias con sorpresa: Nadie las quiere.

Pero lo que hoy lo ha hecho especial es que, una señora que está en atención al cliente, me ha sonreído y me ha deseado buen viaje. Yo, educadamente, le he respondido con “que tenga un feliz día”; y ha sonreído de nuevo.

No se funden las alas. Paseo por la esperanza mientras miro al sol de frente.

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