CARNAVAL, CARNAVAL

Ser feliz. A eso se reduce todo. Si no es así, la vida es una auténtica mierda disfrazada de colección Primavera- verano que es sustituida por la de Otoño- Invierno y así sucesivamente hasta que palmas; y creo que es una buena imagen pues sugiere que hay que parecer: Pero no ser. Me explico.

Cuando te pones la ropa que te ubica en la tribu a la que perteneces, su rito y liturgia, parece que la existencia tiene sentido pues, si haces lo preceptivo, estás haciendo bien. Y pueda ser ropa de moda o de tiempo litúrgico, en el caso de los creyentes; pero te entra por el cuerpo un status que te hace sentir bien.

Pero es sólo ropa. Es sólo en un contexto concreto que poco tiene que ver con la vida real. Todo es farándula y atrezo para despistar la consciencia. Y tu interior te lo grita: Esto no es lo que quieres. Pero con el tiempo, te vas haciendo sordo y los gritos son afónicos, inertes al final. Y exiges al conjunto de personas que te rodean que se comporten como tú. Como todos. Domesticados y estúpidos jugando a un juego cuya regla oculta es inhabilitar al hombre libre que todos somos para convertirlo en el inútil que terminas siendo.

Si el credo no tiene que ver con la vida, ésta, se convierte en una tragedia. Pero, como hemos llegado a la conclusión de que es un valle de lágrimas, con las bragas en la mano, vamos caminando mientras nuestra vida se consume como un flash de Magnesio, con mucho humo y poca eficacia.

Creer tiene que ver con todos los aspectos de nuestra vida. Si lo que creo se circunscribe a los ritos que nos han asegurado que son sacros, somos hijos de Dios cretinizados por la mentira de que Dios necesita que hagamos algo para que nos quiera o conseguir su favor. Una pregunta tonta, otra vez: ¿Puede Dios necesitar algo de nosotros para hacerse consciente de nosotros o para concedernos nada? Hará lo que sus divinos (…)ones estimen convenientes en su divina sabiduría.

Creer es vida, no es un carnaval; disfrazarnos tradicionalmente sólo beneficia a los que los venden. Y a los que, con denso humo de incienso, intoxican nuestro entendimiento y corazón.

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