LA VIDA EN TIEMPO MUERTO

Yo siento que los cristianos vivimos nuestra fe de una manera que no se corresponde con lo que decimos que creemos. Vamos al templo una vez por semana a celebrar la fiesta del cristiano: Una fiesta muy aburrida, donde todos están serios, exigen silencio a la gente de alrededor… Es una fiesta de familia, pero los niños molestan. Se va a celebrar la fe y hay más animación en un entierro irlandés que en una eucaristía española. Siempre queda la duda de que sea diferente en otros lugares pero, no sé, me parece que en otros lugares es igual, pero en otro idioma. Hacemos oración una vez por semana, por aquello de alimentar el alma. Nuestro alma debe estar a punto de morir de inanición con tamaña dieta. En fin: Nos bautizan, comemos a la salud del bautizado, pasa un tiempo no muy largo para hacer la primera comunión: Seguimos comiendo a la salud del iniciado, nos preparan para la confirmación para que podamos casarnos, nos confesamos lo necesario para no tener demasiada mala conciencia; nos casamos e invitamos a comer a los que padecen la ceremonia. Nos olvidamos del asunto hasta que la próstata empieza a darnos problemas y volvemos a frecuentar la fiesta dominical hasta que nos llevan con los pies por delante para que nos aseguren un lugar en el cielo. Lloramos y quedamos con la familia en el bar de la esquina, que hace mucho tiempo que no nos vemos… La conclusión que yo saco, por lo menos la primera, es que el principal beneficiario de nuestra fe es la hostelería en general y los bares en particular. Por otro lado hay unas conclusiones que subyacen en todo momento: 1º- ¿Quién ha dicho que así hay que vivir el cristianismo? 2º- ¿Quién ha dicho que sólo se nos tiene que notar que somos cristianos cuando vamos a misa? ¿Se nos nota cuando vamos a misa? 3º- ¿Quién nos ha dicho que son otros los que nos tienen que mostrar el camino? 4º- ¿Quién nos ha mostrado un futuro tan oscuro que nos refugiamos en las luces de neón y en la catódica realidad creyendo que es mejor que lo que Dios nos propone? En fin. A lo que voy es que la vida real es la vida y la vida en la que decimos vivir es la que se vive cuando pedimos tiempo muerto a la vida real. Un tiempo que no cuenta, que no vale, pero que está ocurriendo y que parece real. A lo que voy es que el principal triunfo de la vida que nos toca vivir es pensar que otros son los que viven la vida, otros son los que nos dicen adónde hay que mirar y cómo pensar, cuando Dios nos hizo capaces por nosotros mismos de vivir, de pensar, de preguntar, de creer y de no creer. De cocinar y no de comer prefabricados. De crear y no de consumir según les parece a otros. No quiero que me alimenten. Quiero buscar y ser yo quien dé el punto de vista distinto y no pensar que son los otros los que tienen razón porque son más válidos que yo. Atreverme y equivocarme, que no pasa nada por fallar. Arriesgar, que no pasa nada por caer. Y romper la cadena del anonimato y ser yo mismo. Que no vale pensar que todos somos iguales, pero hay otros más iguales que yo. Y luchar como si el fin del mundo fuera dentro de un cuarto de hora y dependiera sólo de mí, confiado que soy un cacharro de barro que quiere vivir lo que cree. Ser un hijo de Dios como Dios manda. Libre, muy libre. Tan libre como mi familia: La familia de Dios. Que los bancos de nuestras iglesias se llenen de macetas; que la vida se llene de signos que hablen de nuestra fe y no de la negación de ésta; que el arte cristiano esté vivo todos los días en nuestras monótonas vidas para que nos recuerden que hay un creador del que estamos hechos a imagen y semejanza; que lo normal sea la felicidad y lo anormal sea la tristeza como declaración de intenciones para una vida cuyo único fin parece ser pagar por la hipoteca de la casa y la del nicho; Porque, de una puñetera vez, hablar de Dios y de que la fe es capaz de mover montañas sea tan normal como hablar de fútbol y que el fútbol sea un deporte y no una religión. Para que los domingos sean para la familia y no la antesala de la depresión semanal postfindesemana. Que el arte y la vida sean imagen y semejanza de Dios. Amén.

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2 Respuestas

  1. vicente morales gómez dice:

    Amén, según la clave de Dios, aunque nosotros – solo Dios sabe por qué – caigamos una y otra vez. Desde ÉL, aunque no ceamos en ÉL, solemos decir que aunque nuestra madre nos olvidara, ÉL no nos olvidaría.

    Y pidamos a Dios que en la vida y en el arte seamos todo lo que nos permitan nuestros talentos.

  2. YO SOY dice:

    Nada es absoluto, solo Dios y la luz, que es Dios

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