DIOGENES

Si echo una mirada, misericordiosa por supuesto, me encuentro que el adjetivo que se puede aplicar a aquello que está ocurriendo, con todo el cariño del mundo, es INÚTIL. Inútil para la mayoría.

En el gobierno de España hay un señor que deja que las cosas ocurran. De ese modo, la culpabilidad recae en el devenir. Un pelele goyesco, un superviviente al que tengo que aplaudir porque, a pesar de su incapacidad para ser gobernante, es perfecto para los que lo han colocado ahí.

Cuando se habla de que el poder económico y el político van de la mano, no se anda muy descaminado. Todas las políticas se encaminan al control del vulgo y a su ordeño hasta la extenuación en todos los aspectos de la vida. Fusilar todo criterio, arrancar la disidencia y convencerlos que lo menos malo es mejor que aspirar a lo bueno pues, lo bueno para todos, es malo para las minorías que gobiernan.

Un Carlos II del siglo XXI, hechizado y estúpido encabezando una tropa de mentirosos que se dedican a huir hacia delante cuando se trata de hacer autocrítica. Me avergüenzo de mis hermanos que, lejos de la honestidad, se dedican a defenderse diciendo “y tú más” en vez de reconocer los errores. ¡Qué no tendrán que esconder para ampararse en los plazos judiciales!

Y es igualmente aplicable a nuestra particular Polonia. ¡Qué no tendrán que esconder los gobernantes del Parlament para insultar a todos sus votantes! Sembrando la discordia entre hermanos, huyen despavoridos hacia el borde de la tierra plana en la que han derivado una sociedad equilibrada. Es la muestra de que los descerebrados pilotan mientras ganan los de siempre.

“Busco un hombre”

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