LIBERTAD DE ELECCIÓN

Me lo dicen muy a menudo. Padres que, haciendo un alarde de posmoderna modernidad, optan por no dar una educación religiosa para no influir a los niños en sus decisiones. De ese modo, los preparan para que la elección sea madura y propia.

Una gilipollez. Eso es una gilipollez como un piano de grande.

¿En qué universo se prepara a ningún hijo de Eva y Adán para hacer una elección libre del credo que quiere tener si no ponemos los medios para que lo conozcan? Si, de verdad es importante, lo que se respire en la familia, hará que la elección se vea condicionada y, cielos (o lo que proceda), estamos influyendo positivamente en el individuo, siendo elementos coercitivos.

Ahora que estamos en el tiempo de Mundial de fútbol, como el de Cuaresma, no nos cuestionamos que ellos decidan libremente porque lo ven a todas horas. Eso evidencia meridianamente que es importante.

Pero influir en el tema religioso es atentar contra la libertad. Como si el fútbol no fuera un atentado a la inteligencia.

Si no hay valores religiosos, estamos privando de la estructura primordial que conformará al futuro adulto. Si los adultos que engendran crías humanas no comunican esos valores, es que no los tienen. Y si van de respetuosos con su prole, obviando tal educación, no puedo ni imaginar que podrá ocurrir con la tercera generación.

Hay datos que avalan mi afirmación.

A ninguno de nosotros se nos ocurre cuestionar que nuestros hijos aprendan inglés, pues será de provecho para cuando sean mayores y tengan que emigrar. Dos detalles: Los padres no saben inglés, por lo que no lo practican en casa. Y a ningún padre se le ocurre preguntarle si quiere hacerlo. Lo hace y punto por la presión ambiental.

Otro más: ¿Cuánto les importa a los padres la audición de los hijos si no van? Les importa un carajo. Conclusión: La música no es importante y termino echando sapos y culebras a cuenta de ella. Los niños tienen que ir al fútbol. Y los padres van a los partidos: ¿Qué es importante? ¿Se les ha dado la opción de elegir?

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