QUIÉN GANA

Después de estar un ratillo pensando, me he dado cuenta de que no creo que hagan falta manifestaciones fuera de lo común para que mi fe se refuerce. De hecho, creo que si viera alguna, tendría dudas de porqué se ha dado.

Dicho esto, aterrizaré sobre lo que me parece interesante. Hay que pararse en que Dios sin su pueblo no es nada. Partiendo de éste hecho, creo que la relación entre su familia y Dios es primordial. Es tan importante que no es extraño que Dios quiera relacionarse con cada uno de sus hijos bajito, sin ruido: Con una ternura propia de una madre con su niño. Así, como viene en el evangelio, el diálogo se establece en lo escondido de una habitación. Para que nos susurre al oído todo lo que nos ama. Y lo busquemos sin ningún temor, sabiendo que es maravilloso sentirse querido como sólo un padre sabe hacer.

Con todo éste prólogo me introduzco en las fangosas aguas de la duda cuando pienso en todas las apariciones que se le atribuyen a la deidad o su madre. No alcanzo a comprender qué es lo que puede hacer, mover a un dios a hacer una excepción y dar un mensaje a una persona que parece que luego es para todos. Y me refuerza ésta idea la evidencia de que la luz del sol nace todos los días para buenos y malos y no necesita ninguna excusa para hacer excepciones en función de nuestros actos. Por mucho que me empeñe, no puedo hacer que la luna salga antes, que el sol brille más ni que me salga más pelo del que ya tengo. Si Dios quisiera que sus hijos se enteraran de algo fuera de lo que ya dijo en el evangelio, tiene medios sobrados para que todos se enteren a la vez. Dicho esto creo que es una solemne tontería hablar de apariciones, mensajes ni gaitas en nombre del que todo lo puede o de su virginal madre. No.

A mi juicio, son inventos de gente ávida de dar un giro de tuerca a lo que no da más de sí. ¿A qué vienen mensajes a lo largo del tiempo que no aportan nada nuevo sino que son fuegos de artificio en tiempos de crisis? Me da por pensar que la gente ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oír. Y hay suficiente frustración en nuestro modo de vida para hacer valida cualquier memez en nombre de la deidad. Poner en manos de un vidente nuestra fe me parece tan absurdo como creer que Superman vendrá a arreglar mis problemas con su fuerte personalidad y su origen kriptoniano.

Mirando con serenidad: ¿Quién gana con toda ésta feria, estos efectos especiales que nada tienen que ver con los garbanzos y la vida de los curritos en tiempo de crisis? Mi respuesta es: Gana un sistema que condena a todos los hijos de Eva a ser eternamente niños. Incapaces de vivir su propia vida con dignidad, se echan en brazos de cualquier hablarín que les promete que la virgen vendrá a tomar té con ellos y cosas así. Sin fuerzas ni confianza en sí mismos dudan y comienzan a creer en hechos que nada tienen que ver con la vida que viven. Mentiras que hacen relativizar las verdades inmutables del amor y la fe: En que somos capaces de vivir verdaderamente sin que nadie nos tutele ni nos diga dónde aparecerá el próximo prodigio celeste que nos dejará sin palabras: Inmóviles y apocados ante algo que sólo alguno es capaz de percibir.

Dicho esto, creo que Dios me hace libre. Me da la opción de vivir una vida desde mi capacidad. Me dice que es mejor elegir estar vivo que vivir pendientes del capricho de la diosa fortuna de las apariciones ni los mensajes de cualquier igual tan frustrado como yo y con las mismas ganas de sentirse amado.

Amado verdaderamente por un dios que no necesita de ruido ni estridencias para decir que el milagro es cada uno de sus hijos. Todos ellos son un mensaje de esperanza para sus hermanos. Sólo tienen que decir sí. Porque quieren.

Hoy.

Y, mañana, también.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.