COMO AGUA AL CAUCE.

Es un sonido inaudible. Como el rastro de un rayo de luz. Estuvo. Habita. Es y no.

Las aceras bullen cuando la gente camina sobre ella y tira las colillas, las envueltas de los caramelos, las latas de refresco. El sí y el no de los pasos de cebra cobran vida cuando el hombrecillo verde aparece: Mientras, es sólo una mancha alternante. La evidencia de la vida no está en la tierra: Son los brotes verdes que asoman los que anuncian el maíz que será cosechado al final del verano.

Y todo relativo. Y todo evidente. Y todo, tú.

Desde el trópico, tu sonrisa ilumina el curvo meridiano que me separa de tu voz. Una línea imaginaria que me ata suave, me abraza y enlaza a todo lo que fue, lo que es…

Te echo de menos. No es una zarpa que araña mis entrañas. Es un susurro que me recuerda cuánto te quiero; que, como dice la canción, “Sin ti, mi cama es ancha”.

Sediento, espero tu palabra.

Lo que da la vida al río no es el cauce: Es el agua.

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