NO PIENSES

Una excusa para unificar un supuesto bien para el pueblo. Es el argumento, la razón más utilizada, para afianzarse en el bucle de la antonimia de Inteligencia: Alocado, atontado, bruto, estúpido, ignorante, ineficaz, inhábil, insensato, insensible, lerdo, limitado, mediocre, melindroso, obtuso, torpe…

Todas esas perlas contrapuestas a la inteligencia, que es la capacidad de entender y comprender.

Consignas, eslóganes y rebuznos varios para preservar la identidad, el modo de vida o cualquier otra mentira que obnubile el entendimiento y estreche mucho más el amplio horizonte que se abre ante las preguntas y el angosto futuro que se presenta en su ausencia.

No pienses: No hagas aquello que te afianza como ente individual y súmate a la magnífica estupidez de pensar como todos hacen. De ese modo no desentonarás.

No creas, pues la trascendencia puede hacerte caer en la cuenta de que no estás solo, que el camino se hace mejor en compañía, que el otro no es un enemigo.

No escuches, pues eso podría alterar la liliputiense escala de valores que nos comunican desde la publicidad y, ¡Oh, cielos!, podría hacerte descubrir que no sólo los colores dan matices, sino que la voz es un arcoíris sonoro que da calor al corazón…

Haz preguntas. Quizá descubras que las respuestas que recibes, no te satisfacen; y tengas que buscar las tuyas.

Y comience la revolución.

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