TODOS A UNA

El populismo es el hijo bastardo de la educación mediocre, cortoplacista, politizada y falta de valor. Es la solución mágica, Peter Pan imbécil elevado a la máxima potencia, entronizado por los que siempre ganan.

Una educación sin valores, pero con signos que pretenden tener trastienda y sótano cuando son sólo decorados: Fachadas sin fondo, ventanas sin sol… Así, nos abrigamos con el calor patrio que infunde la bandera que nos cobija. Pero la bandera no es un valor sin todo aquello que, hebra a hebra, ha ido tejiéndose de historia, fracasos, batallas, tratados de paz y reconciliaciones que la historia se empeña en olvidar para que no podamos admirar cuán grande es la capacidad de miseria y misericordia del ser humano.

Llegan los líderes bravucones, iletrados, imbéciles de manual que enardecen a las masas (no he dicho a hombres y mujeres) con palabras de más de tres letras, o cuatro, mostrando su ínfimo nivel cultural. Hablando de la belleza como algo bonito y de conversaciones que “están bien”, de hacer países “grandes de nuevo” o recuperar la “Grandeur”, tú sabes…

Si huelen a sobaco o a perfume, es irrelevante: Son la solución fácil, estúpida hasta decir basta, que los pueblo conceden a peleles de feria para que les solucione los problemas que cada uno ha de solucionar por sí mismo. Patrioteros de pacotilla, corruptos de manual, asesinos de la verdad, revolucionarios pútridos por el ejercicio del poder, nepotistas olímpicos, ¿qué más podría añadir?

Que cada ser humano, todos a una, tomen las riendas de su vida: La vivan como si les perteneciera. Busquemos, todos a una, lo bueno para nuestros iguales: Así nuestros iguales buscarán el nuestro. Y mandemos al cuarto de las ratas de la más olvidada historia a los enanos que pusimos donde nunca debieron estar.

O mejor: Llevémoslos a todos, a todos los que ejercieron el poder del más nimio al más grande, a la escuela. Que los profesores de infantil les recuerden los nombres de sus compañeros: Los que no están por su ineptitud y de los que están a su lado. Quizá así se den cuenta de que no están solos. Que son más cuando alguien les llama por su nombre.

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