NO HAY FUTURO

Ayer estaba. Aún bromeaba con ir de vacaciones con su tanga de leopardo a la playa. Un cigarrito, una cervecita; ver ponerse el sol y dormir a su vera.

Hoy no está. Sus cenizas reposan en una urna enana que pretende contener quien fue. Pero no hay universo, conocido o supuesto, que pueda contener cada segundo que vivimos juntos. Todos los que perdimos en cosas que desprecio por haberme robado su olor. Aquellos que invertimos en viento cuando tuvimos las velas recogidas, la cometa en casa…


Y miro el cajón de los calcetines; las cacerolas en su sitio, los paños de cocina dobladitos… La comida alimenta la mitad, la alegría es media, la tristeza es una.


No hay futuro. Sólo está el día de hoy. Y ni siquiera es completo pues es como cuando juegas con los niños pequeños a cubrirte la cara con las manos y desaparecer a sus ojos tras ellas.


No viviré intentando aprehender la vida, intentando hacer conserva de un momento, una sonrisa, tu pelo mojado, tu mano en la mía…


Es cierto: Ya no podré compartir lo nuevo que viva a partir de hoy. No hay consuelo para el vacío que sólo tú puedes llenar.


Mi amor. Amor mío que te llevaste un trozo de mi vida contigo cada vez que despertó el alba y me diste los buenos días. Me dejaste una mirada salada, un corazón agradecido, un silencio mío: Lo comparto con las palabras que no pronuncias. Y sueño contigo.

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