SIN PAPELES

Es increíble. O sea: No me puedo creer lo que estoy diciendo pero es absolutamente cierto: Yo nací sin papeles. No sé donde me los dejé: Si en el limbo, en la luna de Valencia o en el útero materno. El caso es que no los llevaba encima cuando nací. No era muy consciente de la situación. Menos mal que un señor, que a la postre resultó ser mi padre biológico, manutentivo diría yo, se afanó rápidamente en cristianarme, al principio, y legalizarme después. Lo primero es lo primero y por ese orden. Que suerte la mía, pienso ahora que sé escribir, cuando me doy cuenta de la cantidad de cosas que me podría haber pasado si no me hubieran legalizado. Unsinpapelesdemierdaquevieneaquitarnosel trabajoyvaadejarsinfuturoanuestroshijos, quecreeenotrosdiosesyquecomecosasrarasytiene losojosrasgadosouncoloroscurilloosucio. Que bien que ya soy una persona normal. La gente que no es como yo, no es normal. Que tranquilidad pensar que por el hecho de nacer en un lugar soy aceptado y que, si hubiera nacido 50 kilómetros más abajo, tendría que sentirme regalado porque me dejasen comer las mierdas que los legales no quieren ni tocar. Es grato pensar que ya no tengo que merecerme la confianza de las autoridades porque soy votante, una persona importante en el tejido de la sociedad… No sé, exactamente, quien es digno de pisar la tierra que transita. Quizá un título de propiedad nos haga ser más dueños. Pero venimos a un mundo al que no pedimos venir de otro mundo al que no queremos ir, por lejano, desconocido. Supongo que estará al oriente de la oscuridad o al suroeste de la indiferencia. Quizá al sur de la ignorancia, bendita ignorancia, que nos hace pensar que somos libres de todo mal cuando somos legales. Los males son cosas que ocurren en las telenovelas. O las personas que nacieron tan lejos que no sabemos pronunciar el nombre de la tierra en la que también nacieron sin papeles: Parece que la ausencia de los papeles es un problema de burocracia mundial. Espero que mundialmente se acepte que todos nacimos sin papeles, desnudos, llorando y con toda una vida por delante para escribir, sobre el blanco lienzo de la vida, los únicos papeles que merecen ser llevados encima. Los de una vida digna, plena y preñada de la esperanza de un futuro lleno de sin papeles. Inexorablemente sin papeles. Naturalmente sin papeles.

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1 respuesta

  1. j.v.m.e. dice:

    No creo ni quiero que me quepa duda ninguna que la reflexión tiene el “punto de amor” que da razón de la intención de nuestros escritos. Sin embargo, sin quitar nada a su intención, creo que temas como éstos, debieran ausentar esa “cierta ironía”, que le resta el espíritu que queremos mostrar, que a veces hasta lo impide totalmente. Y es un tanto doloroso y absurdo que el mensaje que queremos transmitir, por este “matiz”, no llegue a los corazones de aquellos a los que queremos hacer pensar sobre esta injusticia manifiesta que vivimos.

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